lunes, 14 de marzo de 2016

#BETISLEAKS: EL CASO VALENTÍN

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La fragilidad de la memoria es algo realmente curioso. El ser humano tiende a rellenar los huecos que le faltan en su fotografía del pasado, incluso cuando ha vivido los acontecimientos en cuestión, conforme a sus propios intereses, a su particular visión de las cosas, a lo que más le gusta y consuela, sobre todo cuando se trata de recuerdos desagradables contemplados ahora desde la atalaya de la actualidad.

A título de anécdota, les contaremos que esta entrada surge en el marco de una conversación informal de aficionados futboleros de esta bendita ciudad, con intervención de blancos y verdes y a cuenta de la saga #BetisLeaks que tanto tirón está teniendo. Resulta que en pleno debate amistoso salió a colación como propuesta de un tertuliano sevillista que hablásemos del “caso” Valentín. Como un resorte, otro de los presentes, bético de corazón, saltó afirmando que aquello fue una venganza de Lopera por haberles birlado el Sevilla previamente a Diego, Conte y Carvajal, y que por lo tanto estaba justificado. Además, continuó argumentando, en todo caso, si algo feo se hizo, fue cosa de Lopera, porque no se pueden confundir las maneras de “Don Manué” con el llamado “estilo Betis”.

Recibido el encargo, decidimos ponernos manos a la obra. Lo cierto es que el “caso” Valentín es relativamente reciente en el tiempo, si lo comparamos con otras historias y situaciones relatadas aquí, aunque hablamos casi de treinta años vista, una barbaridad de tiempo.

Vayamos a los hechos, a lo publicado en la prensa del momento, para lo cual nos serviremos del ABC de Sevilla. Empezamos por la edición del 1 de diciembre de 1987, cuyo titular ya muestra a las claras de que iba la historia. Advertimos a los suspicaces que la noticia viene firmada y redactada desde Córdoba, no desde Sevilla, por aquello de que seguro que alguno dirá que los biriperiodistas de la época ya estaban manipulando lo sucedido:

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“Martínez Retamero ‘pisó’ anoche al Sevilla en Córdoba el fichaje del extremo Valentín”.

La primera en la frente: El 1 de diciembre de 1987 el presidente del Real Betis Balompié era Gerardo Martínez Retamero, vaya nada menos que 4 años antes de la aparición estelar de Ruiz de Lopera como vicepresidente económico de Hugo Galera Davidson. Luego volveremos sobre este asunto.

La versión verdiblanca, bética y cordobesista, del mismo día (mejor dicho, noche) del anuncio oficial del fichaje fue ésta:

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“Según los presidentes cordobés y bético, ha sido el jugador el que decidió su incorporación al Betis frente a otras ofertas (Sevilla y Gijón se interesaban por el joven extremo cordobés), simplemente porque Valentín quiere seguir vistiendo de verdiblanco”.

Sí, tal como lo leen, a lo mejor lo han tenido que hacer más de una vez como nosotros:

“Simplemente porque Valentín quiere seguir vistiendo de verdiblanco.

No era por ningún otro tipo de preferencia, deportiva ni sentimental, por supuesto tampoco fue por dinero. Debía ser alguna clase de fetichismo enfermizo o algo así.

El propio redactor cordobés de la noticia, Rafael López, termina su reseña con el siguiente y revelador párrafo:

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“Con el fichaje de este jugador, cuyos pormenores serán dados a conocer hoy por el club verdiblanco en una rueda de prensa con los medios informativos locales, se puede suscitar una fuerte polémica entre el Sevilla y el Betis, dado que el presidente sevillista, Luis Cuervas, había llegado a un acuerdo previo con la entidad cordobesista. Sin embargo, al final, Martínez Retamero fue quien se hizo con los servicios del jugador.”

En el Sevilla, entonces presidido por Luis Cuervas, aquello sienta como una patada en el estómago:

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“… el pasado sábado, a la una de la madrugada, se había llegado a un acuerdo definitivo, a falta de que hoy quedara firmado el contrato. Este contrato había sido redactado por los servicios jurídicos del Sevilla F.C. tras las negociaciones llevadas a cabo la semana pasada y anoche estaba a la espera de la firma de las partes implicadas”.

Unas palabras del directivo sevillista Manuel Álvarez sirven como titular:

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“No todos los clubes son iguales, ni tienen la misma categoría”.

Al día siguiente, 2 de diciembre de 1987, el presidente del Betis Martínez Retamero efectuaba las siguientes declaraciones:

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“Hemos hecho las cosas a nuestra manera …”

Por su parte, Luis Cuervas tenía la siguiente visión del asunto:

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“El jueves pasado estuvimos hasta las doce y media de la noche y no se firmó el acuerdo al que habíamos llegado, porque en la redacción del contrato hubo un error y, como era tarde, por no hacerlo todo de nuevo y creyendo que estábamos entre caballeros, quedamos para el lunes por la mañana para firmarlo todo …”

“A mí, de todo este asunto, lo que me parece increíble es la falta de ética y compañerismo, tanto por parte del Córdoba como del Betis y máxime cuando el presidente verdiblanco es el vicepresidente de la Liga del Fútbol Profesional …”

Apostillando después lo siguiente:

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“En el fondo (…) me alegro que todo haya sucedido de este modo, porque así sé con quién me juego los cuartos. Nosotros estamos ahora en libertad absoluta de actuar de la misma forma. Ya no tenemos por qué respetar al Córdoba ni al Betis en situaciones similares”.

Dado el revuelo generado, el Sevilla F.C. hizo público un comunicado oficial, con “su” explicación de lo sucedido:

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“… el pasado día 26 de noviembre llegó a un acuerdo total con el jugador en lo referente a las condiciones de traspaso, acuerdo que se signó ‘a la vieja usanza entre caballeros, con un apretón de manos entre presidente y secretario del Córdoba C.F. y del jugador inclusive (…) Se había redactado un pre-acuerdo global entre todas las partes, así como el federativo con el jugador, que no llegó a firmarse, sustituyendo a la firma el pacto verbal aludido, habida cuenta de lo prolongado de la hora (0,30 horas del día 27), la imposibilidad de adquirir las letras de cambio significativas del precio aplazado, así como determinadas rectificaciones manuscritas que en el documento realizó el secretario del Córdoba C.F. y la no presencia de otro jugador de fútbol, D. Ricardo Pozo Álvarez Ricar…”

La reacción del presidente bético para justificar su comportamiento quedó resumido en el titular de ABC de Sevilla del 3 de diciembre de 1987:

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“No nos engañemos; las relaciones entre Sevilla y Betis no serán buenas nunca”.

Como se puede comprobar, el eterno acomplejamiento verdiblanco saltaba a la luz como culminación y resumen de todo lo sucedido.

Retomando nuestra anécdota inicial, y el argumentario de nuestro querido tertuliano bético para justificar los hechos, debemos realizar un par de puntualizaciones:

En primer lugar, que en el momento en el que se produce el caso, Manuel Ruiz de Lopera no era ni Presidente, ni Consejero Delegado ni directivo del Real Betis Balompié.

Su presidente era Gerardo Martínez Retamero, que a su vez, era también Vicepresidente de la Liga de Fútbol Profesional.

Por lo tanto, el modo de comportarse de la entidad heliopolitana no cabe excusarlo en ningún “loperismo” ajeno al Betis, sino al propio club y su incurable complejo de inferioridad.

Y en segundo lugar, que en ninguna de las reseñas de prensa citadas se alude por ninguno de los protagonistas a que la intromisión bética en el fichaje (casi) hecho de Valentín por el Sevilla F.C. fuese una reacción, venganza o represalia por algún acto reciente de similar o análoga naturaleza realizado por el Sevilla F.C.

Es más, se cita expresamente lo contrario, por el propio presidente bético, cuando se alude al paso atrás dado por el Sevilla respecto al jugador Gonzalo, del Sestao, aquel gigante bigotudo que jugó un porrón de años en el Valladolid.

Así pues no parece, al menos a primera vista, que el fichaje de Valentín derivase de las adquisiciones de Diego, Conte y Carvajal por el Sevilla F.C.

¡Y tanto!

Fue todo lo contrario.

Diego Rodríguez ficha por el Sevilla F.C. como jugador libre, por haber finalizado su contrato, al final de esa temporada, en el verano de 1988. Y Conte y Carvajal lo harán más tarde, tras el descenso a Segunda División del Betis en la temporada 1988-89, y haberles comunicado el club que no contaban para el primer equipo.

Pero da igual, queridos lectores, cuando llega Lopera para reafirmar el antisevillismo radical de los verdiblancos, se entromete en el fichaje de Maradona justificándose así:

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“Ese club nos quitó a Conte y Carvajal. Ese club se llevó a Diego. Ese club quiso hacer lo mismo con José Luis Loreto …”

Que posiblemente Diego, Conte y Carvajal no hubieran recalado en el Sevilla F.C. si no se hubiera producido el caso Valentín, eso es seguro.

Pero que fue el Real Betis Balompié quien abrió la caja de los truenos, también. Recuerden nuestro reciente post “El perro del hortelano”, del que éste que nos ocupa es una especia de precuela.

Para más inri, Diego, Conte y Carvajal dieron un magnífico rendimiento en el Sevilla F.C., mientras que Valentín o Loreto … De Valentín no hay quien se acuerde. De Loreto tampoco.

Bueno, nosotros sí, todo sea dicho, aunque lo que nos viene a la memoria son estos videos:

 

Afortunadamente desde Nervión estas luchas provincianas quedaron bien lejos, y desde entonces, mientras unos, los nervionenses, no paran de coleccionar cálices de plata y gloria deportiva internacional, los otros, los verdiblancos, siguen lamiéndose las heridas de su envidia con invenciones inmensurables y rankings de lo más peregrinos que, a modo de libros o tutoriales de autoayuda, sirvan para consolar a quienes se dejen consolar.

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miércoles, 9 de marzo de 2016

#BETISLEAKS: EL EXPEDIENTE SAZ (y IV)

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Esta vetusta casa de la imagen, con modesto aire modernista, sita en la calle Zaragoza (carrer de Saragossa), número 94, de Barcelona, fue en el pasado un almacén dedicado a la distribución y venta de comestibles (local), así como vivienda de quien regentaba el negocio (piso superior).

También fue dicho lugar oficina de la representación comercial de D. Benito Villamarín Prieto para la zona de Cataluña.

Gracias a un antiguo contable de Benito Villamarín, sabemos que el dueño del colmado, propietario de la casa y delegado comercial del presidente bético en Cataluña era Lucas Saz Olmedo.

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Aunque la finca cambió de manos hace dos años, todavía es recordado Saz por sus antiguos vecinos, que lo caracterizan como un tipo algo hosco y agarradillo, haciendo honor al tópico catalán (mil gracias a Joan por las gestiones sobre el terreno).

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En la temporada futbolística 1950-51 Lucas Saz Olmedo era árbitro de Segunda División, sin embargo, forma parte del equipo arbitral que Ramón Azón Romá desplaza a Sevilla para dirigir el decisivo Sevilla F.C.- Atlético de Madrid de la última jornada del campeonato, en el que ambos equipos se disputan el título liguero.

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Es domingo de Feria y lo sucedido, jamás podrá ser borrado de la memoria del sevillismo. Ayala centra, Araujo logra el gol del título, Azón señala el centro del campo, los jugadores y la grada lo celebran, pero Saz, que venía retrasadísimo en su posición respecto a la vertical de la línea de fondo, decide por su cuenta y riesgo anular el gol, y birlar el título de Liga al Sevilla.

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Sobre aquel triste episodio les recomendamos dos interesantes artículos de blogs sevillistas, que pueden leer pinchando en los siguientes enlaces:

El gol de Araujo anulado por Azón ¿nos privó de una Liga?

El gol fantasma

Ahora, queridos lectores, sumen a todo lo que ya sabíamos el nuevo dato:

Lucas Saz Olmedo, el tristemente famoso juez de línea que privó de un título de Liga al Sevilla F.C., era el representante comercial de Benito Villamarín en Cataluña.

Un juez de línea, y luego árbitro, que según lo visto, sabía muy bien hacia dónde mirar cuando era preciso ser decisivo en un partido de fútbol.

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“No sabía yo que un Campeonato de Liga lo pudiera ganar un juez de línea …”

Por eso, no es de extrañar que Villamarín se mostrase tan confiado en la previa de aquel encuentro decisivo para no descender que el Betis jugó en Mallorca en 1963. El propio presidente bético era quien decía aquello de “yo no juego en el campo …” Lucas Saz era su empleado, dependía económicamente de él, y cuando arbitraba, estaba en el aire no solo el partido sino también su pan y el de su familia. Ajenos a este dato decisivo, los periodistas calificaron su actuación con adjetivos que siguen sonando inhabituales en el mundo del fútbol para un colegiado: “mucha desorientación”, “muchas rarezas”, “gestos y decisiones inexplicables”. Ahora conocemos que sí que había una explicación para su extrañísimo desempeño.

Recuerden:

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Saz perjudicó sistemática y desmoralizadoramente al Mallorca hasta que el encuentro estuvo decidido a favor del Betis. El público le mostró tan inútil como reiteradamente su repulsa por su “faena”.

Y no olviden:

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“Saz es aquel imponderable juez de línea cuya decisión –en alianza con Azón- hizo perder al Sevilla C.F. un Campeonato de Liga.”

Lucas Saz Olmedo, el empleado de Benito Villamarín.

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lunes, 7 de marzo de 2016

#BETISLEAKS: EL PERRO DEL HORTELANO

Como diría aquel, entre col y col, un lechuga. Y es que hay casos a los largo de esta historia cainita de verde, que son merecedores de llevar la vitola de #BetisLeaks, en muchas ocasiones debido a la maldad con la que pretendieron ensañarse con el Eterno Campeón de Andalucía.

Continuaremos publicando los capítulos del ‘Expediente Saz’ en breve, pero recordamos otros capítulos ignominiosos, que marcaron el estilo definido de los clubes de esta ciudad para siempre.

Camino de la treintena de años alumbran al hecho, los más jóvenes del lugar no lo conocen mayoritariamente, pero ocurrió.

Estamos ante el umbral del mencionado cainismo futbolístico de la ciudad jamás conocido desde el Caso Antúnez. Recordamos que lo ocurrido con Antúnez fue un vil intento por parte de la entidad bética para desposeernos de nuestro único título de Liga.

Nos acusaron durante décadas de hacer cosas que no solo nunca hicimos, sino que por el contrario hicieron ellos demostradamente.

No lo consiguieron a pesar de ser el club que ostentaba y ostenta el poder desde siempre en esta ciudad y hoy estamos aquí para recordarlo. Un episodio de lo más sangrante tuvo lugar a cara de perro protagonizado por ellos, que si hubiese sido al revés se habría juntado Roma con Santiago, y tendríamos que haber emigrado a otro país. Un terremoto y una persecución con armas arrojadizas contra el sevillismo per saecula saeculorum como muestra del victimismo más ruin.

Se jugaba la primera eliminatoria de la Copa del Rey de la temporada 89-90 y al Sevilla le tocó en suerte al Español de Barcelona. La ida en Sarriá se saldó con empate a cero. La vuelta se disputó en Nervión un 20 de septiembre con un rotundo cuatro a uno en el marcador favorable al Sevilla F.C.

La eliminatoria estaba resuelta.

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Al día siguiente todos los rotativos se hacían eco de que el Español había impugnado el partido por alineación indebida.

Tras el partido, el Español elevó ante el Comité Nacional de la Federación un escrito solicitando la nulidad del partido al haber alineado el Sevilla a cuatro futbolistas con licencia del Sevilla Atlético siendo tres el tope máximo. Nando, Martagón, Pascual y Antoñito fueron los cuatro jugadores referidos.

El Sevilla tenía débiles alegaciones. Una negligencia de un empleado del Club supuso que no se diligenciasen en su día las fichas de Nando y Martagón como jugadores del primer equipo.

El reglamento de la Federación establecía que se daría por perdida la eliminatoria si se hubiese obrado de mala fe. El Español –en un gesto que le honra- en ningún momento pretendió ganar la eliminatoria en los despachos sino forzar un tercer partido, entendiendo que no hubo mala fe por parte sevillista, más aun cuando los cambios en el partido se producen con un rotundo cuatro a uno para el Sevilla. También se produce un antecedente ese mismo año entre la Real Sociedad y el Burgos, en el que se repite el partido y no se da por eliminado al infractor.

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¿Tenía conocimiento de esto el Español de Barcelona? Hoy en día es fácil con los medios tecnológicos existentes, antes no era tan fácil.

La bomba salta cuando se conoce de quien parte el “chivatazo” sobre la indebida alineación.

José León aparece en portada del ABC sonriente, y en la misma portada los cuatro canteranos sevillistas alineados en el partido.

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El dirigente bético se jacta de haber sido él quien dio la información a un directivo del Español. Reconoce públicamente que él había posibilitado la impugnación.

Al parecer no se perdonaba en el seno de la entidad heliopolitana los fichajes por parte del Sevilla de tres jugadores béticos ( Diego Rodríguez, Carvajal y Nacho Conte) que habían quedado con la carta de libertad bajo el brazo y la posibilidad de contratar con cualquier otro equipo. Tras el asunto de estos fichajes comentados, el directivo bético José María de la Concha declaró a la prensa; “lo que nos han hecho nos lo pagarán”.

Un año antes el Betis se entromete en el fichaje de Valentín, jugador cordobesista que tenía un acuerdo con el Sevilla y justo antes de la firma cambia de acera.

Para colmo de “desgracias” verdiblancas, el concierto que pensaban dar Julio Iglesias y Plácido Domingo en el Villamarín, cambia de escenario y se celebra en el Ramón Sánchez Pizjuán, informándose desde la organización del concierto que se debía al mayor aforo y belleza del estadio nervionense así como a la mejor y más céntrica ubicación.

Una vez más saltan los cristales rotos dentro de los estómagos del equipo fundado por militares y la bilis sale por todos los poros.

En declaraciones a ABC de Sevilla el vicepresidente bético, Sr. León Gómez, alude a que “he hecho un bien al fútbol en general y sólo pretendo colaborar con la Federación Española…, y que en la guerra de guerrillas importan poco los medios si se cumplen los fines”.

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La afición verdiblanca aplaudió a coro la intromisión del Sr. León, la misma afición que le calificó años después  como elemento de cubertería leñosa y otras lindezas por el estilo.

El Sevilla acató la decisión del Comité de Competición y no presentó más recursos al entenderlo como inútil ya que la irregularidad existió, declarando Luis Cuervas que se delimitarían responsabilidades en al próxima junta de la directiva para averiguar quien actuó con negligencia dentro del club.

El partido se repitió a las seis y media de la tarde del 27 de septiembre en el Vicente Calderón. El Sevilla ganó 1-0 (gol de Francisco tras córner sacado por Rafa Paz) y pasó la eliminatoria. muy a pesar de ellos.

Nunca el Sevilla FC hizo algo igual con respecto al equipo de la Palmera, pero ya saben, unos escardan la lana y otros se llevan la fama.

(Basado en datos aportados por Antonio Ramírez – Voladizo de Gol Sur).

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jueves, 3 de marzo de 2016

#BETISLEAKS: EL EXPEDIENTE SAZ (III)

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Saltamos a 1963, una temporada irregular del Real Betis Balompié, como tantas otras, entonces presidido por Benito Villamarín.

El comienzo de la Liga fue desastroso, con tres derrotas consecutivas ante Real Madrid, Barcelona y CD Málaga. Tras perder por 2-1 en Zaragoza, el entrenador Fernando Daucik es cesado, sustituyéndolo el preparador físico Ernesto Pons.

Una derrota en Córdoba en la jornada 26 enciende todas las alarmas, con el equipo decimotercero, en puestos de promoción, con 22 puntos, a uno de su inmediato antecesor en la tabla, curiosamente, el Sevilla F.C.

Para colmo el calendario, dos jornadas más tarde, señalaba un duelo dramático en el Luis Sitjar, ante el Mallorca, también implicado de lleno en la lucha por mantener la categoría.

En la previa de esta difícil salida, Benito Villamarín hace unas insólitas y llamativas declaraciones a la prensa, en las que se mostraba tremendamente seguro y confiado de la victoria, al punto de que meses después se las recuerdan en una entrevista publicada en el diario Sevilla:

“-¿Por qué hizo aquellas declaraciones tan valientes a mi compañero Emilio Vara, antes del partido con el Mallorca, en las que afirmaba que el Betis ganaría, como así sucedió?

-Tenía confianza en los jugadores, pues yo como presidente no juego en el campo, ni ninguno de España…”

La crónica de la Hoja del Lunes refleja la superioridad bética en terreno bermellón, facilitada por un gol tempranero que llenó de nervios al equipo local. La verdad es que los béticos tenían algunos buenos jugadores como Ansola y Luis Aragonés. Además, el Mallorca perdió pronto a uno de sus puntales, Doro, lesionado en el minuto 20 de partido, por lo que hubo de jugar en inferioridad numérica el resto del encuentro. Aquí reproducimos el relato periodístico:

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No obstante, llama la atención el apartado de la crónica referido a la actuación del colegiado:

“Arbitró el señor Saz, regular, con mucha desorientación.”

Acudimos a otra fuente, en este caso, El Mundo Deportivo, para corroborar este dato:

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“Arbitró el colegiado catalán Saz, el cual realizó un arbitraje con muchas rarezas, con gestos y decisiones inexplicables, si bien no influyó en el resultado”.

Nos congratulamos de que, a juicio de este cronista, el árbitro no influyese en el resultado, aunque no deja de preocuparnos su extrañísima actuación: “mucha desorientación”, “muchas rarezas”, “gestos y decisiones inexplicables”.

¿A qué se debería el estado de nervios del juez del partido de Mallorca? ¿Es que había algo en juego distinto de la lucha por la permanencia? ¿A qué le tenía miedo Saz?

En ABC de Sevilla, barriendo para casa, se pasa de puntillas sobre la actuación arbitral, que se califica como “discreta, en líneas generales”. Sin embargo MARCA, de la mano de su corresponsal en Mallorca, AVESPA, titula la crónica con un llamativo “Lamentable espectáculo”, y nos deja lindezas como las siguientes:

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“El Mallorca, en su tarde desgraciada y desacertada, careció de poder y de moral para hacer el milagro que las circunstancias le exigían, una moral que de propina fue sistemáticamente mermada por el juez”.

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Saz perjudicó sistemática y desmoralizadoramente al Mallorca hasta que el encuentro estuvo decidido a favor del Betis. El público le mostró tan inútil como reiteradamente su repulsa por su “faena”.

Ni que decir tiene que el Mallorca acabó con sus huesos en la Segunda División, tras caer en la promoción de la que pretendía huir frente al Betis, ante el Español de Barcelona.

Parece que Saz sabía lo que se hacía.

Lucas Saz Olmedo era un colegiado perteneciente al Colegio catalán, cuyas estadísticas pueden consultarse en el siguiente enlace de la página BDFÚTBOL. El de Mallorca sería su último partido en Primera División.

Al Real Betis Balompié le había arbitrado en otras diez ocasiones, fundamentalmente en partidos celebrados en la zona levantina, con un balance no especialmente llamativo, malos resultados contra equipos grandes de la época (Valencia, Zaragoza) y buenos contra equipos de similar nivel (Elche, Murcia, Osasuna, Valladolid).

Contra este último, por ejemplo, encontramos una crónica, digamos que curiosa, en ABC de Sevilla del martes 16 de octubre de 1962, tras un 2 a 2 en Heliópolis, con la siguiente crítica arbitral:

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“Árbitro: Sr. Saz Olmedo, del Colegio catalán, que realizó un mal arbitraje. Se inclinó hacia el equipo local, porque para él era lo más cómodo, y concedió el segundo gol del Betis, que había sido obtenido en fuera de juego de Luis y Senekowitsch, no obstante de las repetidas señales que le hacía el juez de línea. A pesar de su caserismo, convirtió bonitamente en penalti un tanto que ya había logrado el Betis: el primero. En resumen, en su ‘cómoda labor’, merece un cero grande”.

O esta otra, también de ABC de Sevilla, del martes 7 de noviembre de 1961, correspondiente a un partido bético en Oviedo, firmada por el periodista local Manuel Paredes, que actuaba como corresponsal:

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“Es cierto, sin que en mi afirmación haya localismo alguno, que el incapacitado señor Saz no sancionó irregularidades cometidas en el área (…) Con semejante tara, el Oviedo se vio frenado y mermado de posibilidades”.

“El señor Saz, árbitro el encuentro, salió protegido por la fuerza pública”.

Terminamos este pequeño repaso con la crónica de la victoria bética por 1 a 3 en Altabix, y los extraños acontecimientos que empiezan a pasar desde que el Elche empata a uno, neutralizando el gol bético inicial. Esto dice el ABC de Sevilla del martes 16 de febrero de 1960:

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“El arbitraje fue desdichado desde el principio, perjudicando a ambos equipos, pero más al Elche

(…)

Un minuto sólo después [del empate ilicitano], el árbitro expulsó a Laguardia, ante la sorpresa de todos, incluido el Betis, y sin motivo aparente alguno. Luego, en la caseta, reconocería su exceso de rigor y su equivocación.

Sin embargo, lo interesante, no son todos estos datos, más o menos anecdóticos, pese a su elocuencia.

Saz era un personaje muy conocido en Sevilla desde hacía más de una década. Más que conocido, era un personaje imposible de olvidar, particularmente por la parroquia sevillista.

Y además, fuera del ámbito futbolístico, Lucas Saz tenía otras conexiones con nuestra ciudad que se han mantenido ocultas y desconocidas hasta la fecha. Unos lazos que quizás puedan explicar el trasfondo de lo sucedido en uno de los episodios más amargos y tristes del fútbol sevillista de todos los tiempos.

… Continuará.

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sábado, 27 de febrero de 2016

#BETISLEAKS: EL EXPEDIENTE SAZ (II)

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Dejábamos el capítulo anterior con algunos apuntes sobre las excelentes relaciones de Benito Villamarín con poderosos mandos militares de la España franquista, mientras que al cierre del post se insertaba una imagen con el llamativo chalet edificado por el magnate de las aceitunas en Lora del Río, el mejor símbolo de la opulencia del empresario gallego en aquel momento, como lo serían también, entre otros, sus promociones inmobiliarias en el barrio de Los Remedios, o la copa más valiosa que se guarda en las vitrinas del Real Madrid, donada para la disputa del primer Trofeo Villamarín en 1960, y conquistada gracias a un gol de quien fuera gran figura sevillista Pepillo.

Lo de valioso no es exageración, es literalmente así, no por la enjundia deportiva del campeonato, evidentemente, sino por tratarse de un trofeo de oro, según llegó a publicarse, de 22 kilates, valorado en casi un millón de pesetas de la época, un lujo al alcance de muy pocos en aquellos tiempos, menos aún para un objeto de estas características, pues estamos hablando, si actualizamos el valor adquisitivo de dicho coste desde 1960 a nuestros días, de unos 180.000 euros, y eso sin conocer el valor de su peso en oro según la cotización vigente.

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Por eso no es de extrañar el tremendo enfado del Presidente orensano con el comportamiento de la afición bética en aquel trofeo. Como al mismísimo Manuel Ruiz de Lopera, a Villamarín le dolía también cada céntimo que ponía en riesgo en sus transacciones.

Recordemos que el paralelismo entre ambos dirigentes es más que notable y a las pruebas nos remitimos. El nombre del estadio, su celo con el dinero o atizarle a su propia afición no son más que algunas de esas muchas similitudes de estos dos auténticos mitos verdiblancos.

Ya saben que el ídolo caído del Fontanal calificó en su día a los suyos como “criaturitas”, pero quizás ignoren que D. Benito ya los había bautizado décadas antes con un agudísimo béticos de taberna. Distintas expresiones, pero un mismo concepto. Como si el tiempo no hubiera pasado.

Lo cierto es que aquel trofeo que llevaba el apellido del industrial gallego, había sido consecuencia directa del traspaso de Del Sol al Real Madrid y la cuenta de las compensaciones económicas tenía que cuadrar. Finalmente Villamarín, tras aquel enorme fiasco, acabó sincerándose públicamente en una inolvidable entrevista:

"Tengo el propósito de reorganizar el Betis de arriba abajo y de imponerle una mayor disciplina.”

Hay mucho de mito en la afición bética”.

(…)

--Don Benito, ya pasó el torneo que montó con tanto entusiasmo y tanto desvelos y ahora quisiera que nos dijera cuáles son sus impresiones sobre el mismo.

El señor Villamarín meditó unos momentos y seguidamente respondió:

--Desde el punto de vista deportivo, creo que ha sido un éxito. Los equipos participantes respondieron totalmente a su categoría y a su prestigio y nos ofrecieron partidos magníficos que tardarán mucho tiempo en olvidarse en Sevilla, si es que alguna vez se olvidan.

En el aspecto económico, en cambio, hay que decir que la afición no ha respondido como era de esperar. Heliópolis no se llenó ni una sola vez, ni siquiera en la final, y las jornadas que se celebraban tenían, a mi modo de ver, la suficiente importancia y la suficiente categoría para que se hubieran agotado las localidades.

Lo ocurrido, que no se llenara el campo ni una vez, me ha demostrado algo que yo siempre me había resistido a creer. Y es que hay mucho de mito en la afición bética. Los béticos hablan mucho, exigen mucho, pero a la hora de prestar su colaboración y su apoyo económico al club, no se muestran con la misma fuerza, el mismo entusiasmo y la misma pasión con que discuten en la calle las cosas del Betis.

Se pide a la Directiva que traiga buenos jugadores, que haga fichajes sensacionales y no se piensa que para ello es preciso el apoyo económico de los aficionados. Los béticos quieren que el Betis sea un gran club, pero ellos ponen muy poco de su parte para que ese propósito se logre. Ahora, con motivo del torneo internacional que se ha celebrado en Heliópolis, yo esperaba que la afición bética se volcara, diciéndonos con su asistencia en masa al campo que quería."

Respecto a los tentáculos de Benito Villamarín dentro de la cúpula de poder de la Dictadura, se puede ampliar información en el siguiente enlace, “De cómo un gallego llegó a ser presidente del Betis”. El ejemplo más destacado tradicionalmente es su amistad reconocida públicamente con el general Eduardo Sáenz de Buruaga y Polanco, de quien confesaba ser amigo íntimo:

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“Un día recibí una consigna de mi gran amigo, de mi respetado general don Eduardo Sáenz de Buruaga: hice, lo que hice en la guerra, cumplir la orden que recibí”.

Según puede leerse en el portal bético betisweb.com, el sábado 6 de septiembre de 1952, el club bético verifica un homenaje al general Sáenz de Buruaga, flamante Capitán General de la 2ª Región Militar:

“…Sáenz de Buruaga es homenajeado en el septiembre citado, en el mismo Estadio de Heliópolis, el día de la presentación del Equipo Verdiblanco ante la Afición, en partido amistoso contra el CD Mestalla. Buruaga de esta forma, recibe el reconocimiento por los desinteresados servicios hacia el Club Blanquiverde durante años. Los obsequios consisten en un Escudo y un Pergamino, en el que se nombra Presidente de Honor del Real Betis Balompié.”

Ésta es la crónica publicada en el ABC de Sevilla el 7 de abril siguiente:

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“En la tarde de ayer, y en el campo de Heliópolis, se celebró un homenaje en honor del capitán general de la II Región Militar, don Eduardo Sáenz de Buruaga y Polanco.

Asistieron al mismo el presidente del Real Betis Balompié, don Manuel Ruiz y toda la directiva; el secretario general de la Federación Andaluza, señor Lama; el primer teniente de alcalde, señor Valera de la Cerda y otras personalidades, la totalidad de los jugadores blanquiverdes y gran número de socios y simpatizantes del Club.

El acto dio comienzo en unas palabras del señor Ruiz, quien puso de relieve, con frases de gratitud, el afecto con que el general Sáenz de Buruaga viene distinguiendo al Betis, al que corresponde el club entero con imperecedero reconocimiento.

Acto seguido, el homenajeado dirigió la palabra a los asistentes. Tras de hacer constar su agradecimiento por la distinción de que se le hacía objeto, el señor Sáenz de Buruaga rememoró sus años mozos, en los que practicó el fútbol con entusiasmo, práctica que hubo de abandonar debido a su carrera.

Destacó el lucido historial del Real Betis Balompié, con los éxitos nacionales obtenidos, diciendo después que el club blanquiverde contó siempre con todas sus simpatías. Dirigiéndose expresamente a los jugadores, les recordó las obligaciones que como tales tienen contraídas con la afición, a la que jamás han de defraudar, poniéndolo todo a contribución para ello, incitándoles, por último, a que sean deportivamente ejemplares.

Terminó con un ¡ Viva el Betis ¡ que fue entusiásticamente contestado.

Después, entre grandes aplausos, el señor Ruiz le hizo entrega de un valioso distintivo de la sociedad, así como del título de presidente de honor de la misma.

Finalmente, se sirvió una copa de vino”.

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¿Cuáles fueron los desinteresados servicios de Sáenz de Buruaga durante años al club verdiblanco?

Queremos pensar, quizás inocentemente, que no se cuenta entre dichos servicios alguna mano negra de ingrato recuerdo en sevillista. Curiosamente, por ejemplo, en la trágica tarde de El Bardín, Buruaga se encontraba junto con Moscardó (sí, el mismo del caso Antúnez) presenciando el Atlético Aviación-Valencia de la última jornada liguera, como si presintieran ambos, qué casualidad, que el Sevilla F.C. acabaría cayendo ante un estimuladísimo Hércules en Alicante y tuvieran certeza absoluta en la victoria madrileña. El título y la celebración se quedarían precisamente en Vallecas, en el encuentro que presidían.

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Pero no nos desviemos, al menos por ahora. Conocemos algunos de los favores de Buruaga posteriores a su homenaje en Heliópolis, como facilitar refuerzos para el Real Betis Balompié en forma de jugadores procedentes del Real Madrid, como fue el caso de Sabino Barinaga, o incluso la propia imposición, antes comentada, de Benito Villamarín como presidente bético llegado ya 1955.

Sin embargo, pese a no interesarle especialmente el fútbol, Benito Villamarín había tenido sus primeros escarceos en verdiblanco a finales de la década de los cuarenta, sin llegar a ocupar aún puestos directivos.

El veneno del beticismo se lo fueron inoculando poco a poco amistades tan importantes en su vida como la de su compadre y Capitán-médico durante la guerra Andrés Gaviño Gordillo, que desde 1935 se dedicaba también al entamado y envasado de las aceitunas procedentes de su hacienda de Espartinas, como el propio Villamarín.

Pero sobre todo, sería Francisco de la Cerda Carmona quien más insistiera en adoptarlo para la causa bética. De la Cerda era socio de negocios de Benito Villamarín, fue vicepresidente del club en la temporada 1950-51, sería posteriormente presidente hasta 1952, acompañando al gallego como miembro de su directiva cuando éste ocupó el sillón presidencial.

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Así lo relataba hace unos años su nieto, directivo sevillista por cierto, Enrique de la Cerda Cisneros, en una entrevista:

"Fue presidente en una época difícil, en esos años hubo hasta tres presidentes. El reconocimiento mayor que tiene es que era socio de negocio de Benito Villamarín. Mi abuelo trabajaba en Córdoba y Cádiz y Villamarín en Galicia. Le presentó el mundo del Betis, le apasionó y luego fue ese presidente tan importante que relanzó al club. Se puede decir que fue el introductor en el Betis de Benito Villamarín, del que fue vicepresidente posteriormente. Tenían un denominador común con Miguel Guillén: negociaban con aceites y jabones".

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Pendiente de todo, las aptitudes empresariales y como gestor del industrial gallego se aparecían ante Buruaga como idóneas para gobernar un club de rumbo tan inconsistente como el Betis, y además, no puede descartarse que Don Eduardo tuviera perfectamente constatada en Villamarín su determinación para actuar y conseguir resultados en supuestos muy concretos.

Recuerden aquello de “desinteresados servicios hacia el Club Blanquiverde durante años …”

… Continuará.

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miércoles, 24 de febrero de 2016

#BETISLEAKS: LA POLTRONA DEL BUITRE

Continuamos nuestros relatos de #BetisLeaks abriendo un frente distinto. Dejamos aparcado momentáneamente el hilo comenzado con Benito Villamarín, que podrán seguir leyendo en próximos capítulos, y continuamos con este otro no menos llamativo.

No, no se confundan queridos lectores, no vamos a hablarles de Emilio Butragueño ni del Real Madrid.

Nuestra historia de hoy versa sobre una de las presidencias más escandalosas e hipócritas de la ya centenaria Federación Andaluza de Fútbol, la que tuvo como protagonista al dirigente bético Carlos Alarcón de la Lastra.

El Sr. Alarcón fue presidente de la por entonces denominada Federación Regional Sur en junio de 1921. Junto a él, Julio Irizo y Gil Gómez Bajuelo como lugartenientes. Los tres fueron además presidentes del club verdiblanco a finales de los años diez y principios de los veinte. Alarcón y Bajuelo tienen además el dudoso honor de pertenecer, por derecho propio, a la denominada cariñosamente por nosotros Peña del Pollo.

–¿Qué club tiene allí más público?–inquerimos.
–Hay que reconocer que tiene más “claque” el Sevilla.

Como veremos en las siguientes líneas, el objetivo de Alarcón en el cargo, lejos de ser el general de la defensa de sus afiliados y de la propia región a la que representaba, sería exclusivamente torpedear al Sevilla F.C. y tratar de conquistar en los despachos para su club, el Real Betis Balompié, el sitio que su impotencia ante el eterno Campeón de Andalucía le condenaba a ocupar, un año sí, y otro también, en el campo: el de los perdedores.

Se da la curiosa circunstancia de que el mandato federativo de Alarcón es comúnmente celebrado por todos los hagiógrafos verdes, que aplauden sonoramente sus tejemanejes antisevillistas desde el sillón presidencial de la FRS con el espurio propósito antes comentado. Casualmente, esos mismos hagiógrafos son los que se rasgan las vestiduras quejándose de que el Sevilla F.C., según ellos, tuviese dominada para sus propósitos a la federación. No les preocupa ninguna supuesta antideportividad ni otros valores supremos, como hipócritamente defienden para atacar al Sevilla F.C. sin ningún fundamento. Lo que les fastidia es que a su Real Betis Balompié no se le permitiera mangonear lo suficiente. Fuera ya las caretas.

Pero prosigamos con nuestra historia.

Antes de ocupar la presidencia de la Federación Sur, el trío de marras –Alarcón, Irizo y Bajuelo- ya formaba parte de su junta directiva. En septiembre de 1920 dos de ellos son entrevistados para el semanario deportivo Madrid Sport:

Don Carlos Alarcón De la Lastra y don Julio Irizo Pacheco, ambos directivos del Real Betis Balompié y de la Federación Regional Sur, están sentados ante mí en una mesa del “Lyon d’Or”

(…)

Mis interlocutores, nuestros huéspedes de tres días, por el doble carácter que antes dijimos, son personas de significación en el fútbol andaluz, y por ello creemos serán interesantes sus opiniones sobre aquél.

–La afición de Sevilla está ahora mejor que nunca.

Antes, una sola Sociedad, el Sevilla FC, tenía monopolizado el fútbol; ahora, que somos dos en la palestra, y con la rivalidad consiguiente, hay más lucha, más pasión, más vida.

Además, se progresa en todos sentidos; verdad es que todavía se aplaude más el inútil aparato de algunas jugadas, en vez de considerar su resultado práctico; pero la “galería” va progresando rápidamente, y esperamos que pronto nuestro público serán tan entendido como en las regiones de larga historia futbolística.

–¿Qué club tiene allí más público?–inquerimos.

–Hay que reconocer que tiene más “claque” el Sevilla.

–¿Y el público “bien”?

–Es asimismo sevillista; pero ese dato no significa nada, porque esa clase de público va siempre al club donde encuentra más comodidades y ventajas; por eso es generalmente de los clubes más antiguos, que son los que por razón natural tienen sus campos en mejores condiciones y reciben la visita de más equipos forasteros.

–Y, aunque me figuro que serán malos como en todos sitios, dígame algo de los árbitros.

–Allí son peores.

El mejor, y créanos que no nos ciega la pasión, es Carmelo Navarro Hurtado.

Francisco Javier Alba Alarcón, también entiende bastante…cuando no arbitra al Sevilla FC.

Los demás en activo nulos.

–Con la Federación estarán conformes, puestos que ustedes son federativos.

–Por lo menos, ahora hay la ventaja de que el Sevilla FC, el Real Club Recreativo de Huelva, y nosotros, Real Betis Balompié, tenemos allí el mismo número de votos.

Uno por cada club y otro por un club de segunda cada uno.

–(¡¡ Oh, los clubes de segunda categoría ¡¡) ¿Y ese representante de la prensa? **Gil Gómez Bajuelo (a) “Squizo”**

–Cómo exigimos que sea periodista “verdad”, esto es, que figure en nómina en su periódico, no hay más que uno en ese caso, y éste siempre se limita a seguir las corrientes generales de opinión.

Hay quien dice que se inclina algo al Sevilla FC.

–¿Entonces éste tendrá mayoría?

–Podemos asegurarle que no.

 

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Entenderán que esa contundencia final era toda una declaración de intenciones. A nadie escapaba que ese representante de la prensa, Gómez Bajuelo, pertenecía también a la filas verdiblancas llegando a ser incluso, como dijimos antes, presidente del Club. Tres béticos frente a un máximo de dos directivos por cada uno del resto de equipos. Todo atado para poder apuntar a “su” diana: el Sevilla F.C.

En mayo de 1921 Carlos Alarcón es elegido presidente del Real Betis Balompié acompañándole con puestos de vocales sus viejos compañeros de viaje, los Sres. Irizo y Bajuelo.

Sólo un mes más tarde, en Junio de 1921, se celebró en Sevilla la asamblea anual de la Federación Regional Sur de Fútbol, en la que se constituyó la nueva junta directiva en la que correspondía ocupar el cargo de presidente a un representante del Real Betis Balompié, como anteriormente había ocurrido con el Recreativo de Huelva y el Sevilla FC. Dicho representante fue el presidente bético Carlos Alarcón de la Lastra al que acompañaba la siguiente junta directiva:

Presidente: Carlos Alarcón de la Lastra (R. Betis).

Secretario: Juan Otero (Sevilla FC).

Tesorero: José Pérez Pernil (R. Huelva).

Vocales: Julio Iriso (R. Betis), Gregorio Navarro (R. Huelva),Rafael Peña (Nacional FC).

Representante de la prensa: Gil Gómez Bajuelo (R. Betis).

En menos de un mes Alarcón se hace con la dirección del Real Betis y de la Federación Regional Sur. Los Sres. Irizo y Gómez Bajuelo a su vera.

Nuevamente se designaba como representante de la prensa a su viejo amigo Gil Gómez también conocido por Discóbolo o Squizo. Pero además, en la asamblea para la nueva directiva regional se vulneraba la norma acordada por la Federación Nacional por la que:

“No podían enviar delegados a las Asambleas regionales nada más que aquellas Sociedades que hubiesen participado en el campeonato de la temporada anterior”.

Lo anterior se debía al reiterado abandono que hacían algunos clubs en los campeonatos regionales cuando se veían sin ninguna posibilidad de ganarlo y por tanto de jugar el campeonato de España. En Andalucía esta norma sólo se cumplió en el caso del Español de Cádiz, pero no en el del Recreativo, pese a que ambos se habían retirado en plena competición la temporada anterior. Los tres representantes béticos más los dos onubenses se adueñaban de la Federación Regional.

Todo estaba preparado en la Sur para combatir al poderoso ogro blanco en los terrenos de juego, el que un año tras otro se hacía con el Campeonato Regional, el único que representaba a Andalucía en el Campeonato de España: el Sevilla F.C.

No esperó mucho el nuevo presidente de la Federación Sur para enseñar sus credenciales y propósitos. En la asamblea de la Federación Nacional quiso desposeer del título de Campeón andaluz al Sevilla F.C.

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“También, y al tratarse el pleito de Andalucía, el delegado de la Sur pretende se anule el campeonato de aquella región a consecuencia de haber actuado en el mismo el jugador Spencer, que tomó parte a principio de temporada en el campeonato de Asturias, y también por algunas anormalidades en la actuación del Sevilla F.C. Es desechada su propuesta, por entender que tan sólo atañe a la Federación regional y no es pleito a resolver por la Asamblea”.

Carlos Alarcón, representante de Andalucía en la asamblea Nacional, quiso esgrimir los mismos argumentos que días antes había usado el Athletic Club de Bilbao, tras salir derrotado en la semifinal del Campeonato de España: alineación indebida de varios jugadores sevillistas. La citada norma era válida para el campeonato nacional, pero no para el regional, como así se encargó de recordarlo la asamblea federativa.

Fue aquella temporada 1920/21 muy convulsa en los despachos con continuas y reiteradas cacicadas que consiguieron, entre otras cosas, la retirada del F.C Barcelona del Campeonato de España al considerar tremendamente injusto que la final del Campeonato de España, que debía celebrarse en Sevilla, se trasladase a Bilbao.

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La decepción por el cambio de sede para la final se agravó con una nueva muestra de prepotencia de la Nacional, al conceder de forma antirreglamentaria la expresa petición del Athletic Club para disputar los dos partidos de la semifinal en Madrid, transgrediendo una vez más la normativa que dictaba que debía celebrarse un partido en Bilbao y otro en Sevilla. El Athletic Club se opuso a viajar a Sevilla para jugar el partido de ida, aduciendo los mismos argumentos que un año antes había utilizado el FC Barcelona- la larga distancia - entre ambas ciudades.

Después, tras caer derrotados por el Sevilla en la semifinal y en una nueva maniobra desde la capital, el equipo vasco consiguió la descalificación del Sevilla, por una alineación indebida de cuatro jugadores sevillistas, basándose en el mismo reglamento que ellos vulneraron para no desplazarse a Sevilla a disputar la eliminatoria.

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El Sevilla nunca cedió los puntos antes de jugar, según correspondencia enviada desde el propio Club sevillista, y solo conoció la descalificación tras los dos partidos en los que salió victorioso (4 a 2 y 1 a 1). Los vascos, en su creencia de que serían superiores, accedieron a jugar, y solo tras la derrota acudieron al ente federativo ganando en los despachos lo que no pudieron ganar sobre el terreno de juego.

La final de esa Copa de España que debió jugarse en Sevilla y con la presencia en ella del Sevilla F.C., se jugó en Bilbao y la ganó el Athletic Club vizcaíno ante su propio filial o equipo sucursal, el Athletic Club de Madrid, por un comodísimo 4 a 1.

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Sin apoyos en su propia federación, poco más podía hacer el club blanco que dejar un cartel de prestancia como pocos equipos dejaron en Madrid con un juego de muchos quilates, conocido como la Escuela sevillista, que maravilló a toda la prensa convirtiendo al equipo andaluz en uno de los mejores de España. Alarcón no pudo arrebatar al Sevilla F.C. el Campeonato de Andalucía con idea de “buitrearlo” para su club, pero no movió un dedo para pelear por los intereses del fútbol andaluz que teóricamente debía defender.

Si el Sevilla hubiese jugado esa final, perdida en los despachos, no sólo podría haber alcanzado en 1921 su primer título nacional, para el que era favorito, y más si se hubiera jugado en casa, sino que, con independencia del resultado, bien como campeón o bien como subcampeón, habría entrado por derecho propio años más tarde en la Primera División del Campeonato Nacional de Liga.

Ahora nos cuadra por qué presumen tanto en Real Betis Balompié por haber sido los primeros de Andalucía en jugar una final copera y en debutar en la Primera División. Ambos “honores” se los arrebataron torticeramente en los despachos al Sevilla F.C. La venganza blanca posterior, en forma de títulos de los de verdad, de los que suman en el palmarés, sería descomunal.

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lunes, 22 de febrero de 2016

#BETISLEAKS: EL EXPEDIENTE SAZ (I)

 

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Benito Villamarín Prieto pasa por ser uno de los presidentes más emblemáticos del Real Betis Balompié, y sin duda se encuentra entre los más carismáticos y más recordados del club de todos los tiempos, a niveles únicamente comparables con Manuel Ruiz de Lopera cuando la popularidad de éste le hizo ídolo unánime de la afición bética. La mejor prueba de ello quizás resida en algo tan significativo y trascendente como la nomenclatura del estadio bético, que ha cambiado sucesivamente de nombre entre los de estos dos próceres verdiblancos, no sin cierta polémica, pues aún hoy entre los defensores y detractores de cada uno sigue habiendo debate dentro de la infantería heliopolitana.

Villamarín nació en el año 1917 en Puga-Toén, provincia de Orense. Llega a Sevilla a los 21 años, tras cumplir sus deberes militares, reclamado por su tío Andrés Villamarín Álvarez, que llevaba ya casi una década en Lora del Río bien situado, dedicándose al negocio de las aceitunas, con la ayuda de su hermano Avelino. Con ellos, Benito Villamarín Prieto empieza a trabajar y a aprender el negocio. Pronto conoce a quien sería su esposa, Ángeles Guillén Morillo, perteneciente a una familia acomodada de la localidad loreña y que también tenía intereses importantes en el ámbito de las explotaciones aceituneras, lo que impulsa su protagonismo y liderazgo dentro del negocio familiar. Según el testimonio de su hija Angelines, Benito y Ángeles se casan en 1942, construyendo su propia fábrica de asado de pimientos y envasado de aceitunas en Lora del Río en el año 1943.

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La intervención pública en el negocio olivarero por parte del gobierno franquista hizo que el éxito de los cosechadores e industriales del sector fuera dependiente, y estuviera vinculado, proporcionalmente, a su affectio con el régimen. Después de la Guerra Civil, el aceite quedó racionado. En los años 40 y 50, la Comisaría General de Abastecimientos y Transportes compraba el aceite para alimentar al pueblo. La aceituna de mesa envasada perdió recorrido comercial, al dedicarse la mayoría de la producción a aceite. Era necesario contar con autorizaciones especiales como la Tarjeta de Productor Olivarero o la Guía Única de Circulación para poder distribuir la mercancía intervenida. Sin embargo, pese a todos estos inconvenientes, los Villamarín habían logrado posicionarse convenientemente alrededor de las autoridades del régimen, lo que fue reportando a su familia sonadas amistades como la de Antonio Castejón Espinosa, Francisco Merry, conde de Benomar, Pedro Merry Gordon o Eduardo Sáenz de Buruaga y Polanco. Esto, unido a las indudables habilidades organizativas y de gestión de Benito y su buen hacer, permite que el éxito empresarial de los Villamarín empiece a dispararse.

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Su principal logro dentro de la industria olivarera será ampliar los horizontes de la comercialización no sólo dentro de España sino, fundamentalmente, en el extranjero, a través de la exportación a los Estados Unidos, país considerado como el primer consumidor de aceitunas del mundo.

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En cuanto al mercado nacional, sabemos que su red comercial no era especialmente sofisticada, tenía delegados o representantes repartidos por las zonas que merecían la pena dentro del país, en Andalucía, Madrid, Galicia o Cataluña, aunque el foco principal, insistimos, era el mercado estadounidense, el cual se conquista precisamente en estas fechas, una época de teórica gran dificultad para las relaciones bilaterales Madrid-Washington, que no obstante se pudieron sortear, como apuntábamos antes, gracias a sus hábiles relaciones con destacados halcones de la Dictadura y la ayuda proporcionada por el Estado. Villamarín se convierte en el mayor exportador de aceitunas de toda España.

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… Continuará …

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sábado, 20 de febrero de 2016

#BETISLEAKS: POR PRINCIPIOS

A pesar de los que algunos puedan creer, La Palangana Mecánica no habla del Betis y de los béticos gratuitamente. De hecho no habla del beticismo, sino más bien de lo que estos han dicho y dicen del Sevilla FC y de los sevillistas.

Cuando se crearon plataformas de verde, con el objeto de contrarrestar lo que aquí se dice documentadamente, lo hicieron pensando en este seudo-paradigma, pero nada más lejos de la realidad. Solo tienen que repasar todos los artículos para darse cuenta de ello. Es ahí donde ‘tocaron hueso’, y donde siempre hicieron el ridículo, por no saber hacer una lectura real del trasfondo de esta web.

Cuando hablamos del nacimiento del Betis, lo hacemos comprobando cómo dijeron desde hace décadas que lo hicieron de forma épica, sublevándose a unos sevillistas clasistas que no admitían obreros en sus filas. Desde aquí demostramos la falacia, hasta el punto en el que no se atreven ya ni a comentarlo. El primer jugador obrero militó en el Sevilla FC, años antes que en el equipo verdiblanco.

Si argumentamos cuestiones de la idiosincrasia bética, lo hacemos con la referencia de un beticismo que se tiene a sí mismo como subyugado al poder sevillista, con una odiada bestia negra en forma de Ramón Sánchez-Pizjuán, un hombre malvado, que con unas tijeras iba cortando la catenaria de los tranvías, para que los pobres béticos tuviesen que desplazarse andando hasta Heliópolis. O bien, cómo este, después de haber fallecido, vendía obligaciones a los necesitados agricultores béticos para financiar el estadio que lleva su nombre. En realidad el gran pecado de Sánchez-Pizjuán, fue llevar a su equipo a la gloria, mientras ellos penaban por el infierno de la Tercera División.

Y todo igual. El objetivo ha sido desmitificar unas mentiras que se habían convertido en verdad absoluta. Un club con el poder político, militar, y económico de su lado, que necesitaba justificar el fracaso permanente y endémico –como hoy mismo- frente a su eterno rival, un rival que fue motivo de su nacimiento y de su triste existencia. 

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Mentiras como la de que son una afición que siempre respondió a su equipo, no como la del Sevilla FC, que alberga un aficionado tipo apegado solo a los éxitos de su club, cuando los datos han demostrado no solo que faltan a la verdad, sino que fue todo lo contrario demostradamente a lo largo de la historia, a excepción de momentos puntuales.

Cuando decimos que fue todo lo contrario, lo decimos en el sentido amplio de la frase. El Sevilla FC nunca trató de hundir al equipo bético, en ningún lugar que no fuese el terreno de juego. No han podido demostrar absolutamente ni una sola de las falacias que durante décadas hemos debido escuchar. Sin embargo ya hemos dado cuenta documentalmente, cómo ellos trataron de hacerlo de forma rastrera y cobarde en determinados momentos históricos.

Todos recordaremos esos sonados casos, no ya contemporáneos como el episodio de Lopera pidiendo a la LFP en 1995 que se votara de forma secreta, cuando el famoso descenso administrativo del Sevilla FC. O bien cuando José León pegó el famoso chivatazo, que admitió él mismo, por alineación indebida del equipo sevillista en un partido de copa frente al Español, un partido que no le iba, ni le venía, ni le importaba.

¿Qué decir del Caso Antúnez? Un episodio en el que demostramos cómo se produjo la ignominia más grande y cainita conocida en el fútbol español de un equipo hacia otro, intentando no solo recuperar al jugador, que en realidad les importaba poco, sino que el verdadero objetivo era desposeer al Sevilla FC de su título de Liga.

Nunca ocurrió nada parecido al contrario.

La utilización del victimismo es exclusivo de aquel equipo que vive a la sombra del otro, y tiene por objeto justificar tanta desgracia junta, tanta hambruna deportiva, y tantísima escasez de gloria. No es nuestro caso como comprenderán, pero nuestra obligación es contar la historia tal y como ocurrió según los documentos, como siempre puestos a disposición de nuestros lectores.

Son casos conocidos que recordaremos en el apartado que abrimos desde hoy en esta web llamado #BETISLEAKS, además de otros casos desconocidos que desvelaremos por primera vez, que se asentaron en la mentira, y que incluso el sevillismo llegó a creerse. Casos de los que se asombrarán por su maldad, retorcimiento, y nocturnidad. Sin estas cuestiones la situación actual probablemente habría cambiado notablemente, y estaríamos hablando de otro estatus.

No se pierdan los próximos episodios de #BETISLEAKS en La Palangana Mecánica.

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